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Bienvenida vida (im)perfecta

Empezar es lo más complicado, más aún si se presentan cambios inesperados y parece que la vida te coloca al borde de un precipicio. Todos creamos expectativas de futuro, pero pocas veces se cumplen al cien por cien. En la primera temporada de la serie Vida perfecta, Leticia Dolera ya plantó cara a las preocupaciones de la edad adulta. Ahora llega la segunda parte y estamos preparadas para “mirarnos en el espejo” y “perdernos por el bosque”, ¿y tú?

“Venía a hacer una devolución. No es lo que me esperaba”. Ojalá pudiéramos decir esto cada vez que la vida nos pone en situaciones inesperadas o indeseadas. Con esta clave de humor comienza la segunda temporada de Vida perfecta, con una caja “frágil” que María (Leticia Dolera) devuelve a los grandes almacenes y que contiene nada más y nada menos que a su hijo. Presenta, desde el comienzo, un conflicto femenino en cuanto a la maternidad y el papel de las “malas madres”. Porque, ¿somos realmente “malas madres” por no sentir lo que supuestamente debe sentir una madre?

Leticia Dolera, directora, guionista y actriz de la serie de Movistar+, ya nos sorprendía en la primera temporada de Vida Perfecta con la representación de la crisis de la vida adulta. La ruptura con su pareja obliga a María a empezar una nueva vida. Ella soñaba con formar una familia clásica en el futuro y, de pronto, su vida da un giro. ¡Un completo jarro de agua fría! Sus amigas, Cristina (Celia Freijeiro) y Esther (Aixa Villagrán), también atraviesan sus propias crisis vitales. A las tres amigas no les queda otra opción que dejarse llevar e iniciar un proceso de autodescubrimiento a base de ensayo y error.

Tras el galardón de los Premios Ondas y Feroz, la segunda parte no tardaría en llegar. Desde que terminó la primera temporada, y como si de nuestras amigas se tratase, muchas de nosotras nos hemos preguntados qué habrá sido de María, Cris y Esther durante todo este tiempo (para algunas eterno, para qué mentir). María es madre pero la maternidad no le ha hecho sentir como ella siempre había imaginado. Cris y Pablo (Font García) deciden abrir su relación y superar obstáculos juntos, pero todo resulta más difícil de lo esperado. Esther, por su parte, está luchando contra su miedo a crecer y al compromiso.

Esta nueva, y al parecer última temporada de Vida perfecta, no deja indiferente a nadie. Los conflictos planteados en la primera parte se desarrollan en esta temporada sin filtro alguno. La maternidad y la depresión posparto, el divorcio, las relaciones abiertas y el miedo al compromiso son algunos de los asuntos que trata. Dolera nos anima a adentrarnos en el “bosque” (la incertidumbre) y a reconocernos a nosotras mismas frente al espejo (autoconocimiento). Pero no es una serie sobre mujeres para mujeres, y la directora se ha preocupado por dejar esto muy claro. Vida perfecta es un retrato de la realidad, que ironiza el propio nombre de la serie. Humor, risas y alguna que otra lágrima te esperan así que prepara las palomitas que te espera la maratón perfecta de serie y manta para este noviembre.

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