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En el taller de... Azarraluqui

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Lo que comenzó siendo su pasión hoy es su estilo de vida. Pinceles, bocetos, botes de pintura y miles de pinceles dan vida a los dibujos de los platos pintados de Azarraluqui. Donde nunca, nunca, verás dos diseños iguales.

Artista por vocación, Andrea Zarralqui nació en Londres, a los cinco años vino a Jerez y estudió Comunicación y Marketing entre Madrid y Nueva York. ¿Ahora? Personaliza vajillas con un arte innato y al más puro estilo "hand-made. Pájaros botánica, iniciales... Sí, entre tintas y pinceles no hay "painting" que se le escape a ella.

Yo quería hacer Bellas Artes, pero llegué a un acuerdo con mi padre para estudiar una carrera más seria –como él decía–, y en verano me matriculaba en los cursos de arte que más me gustaban”. Fue así como pasó varios veranos entre Los Ángeles y Florencia, pero no fue hasta hace nueve años cuando la madre su ex marido la invitó a probar una de las clases que ella frecuentaba para decorar platos de porcelana. Fue algo que me encantó”. Tanto, que aunque tuvo que dejar las clases por el trabajo compró un horno y siguió pintando en su tiempo libre.

Desde esa primera vajilla completa que pintó con mariposas y aquél primer encargo con corales, como regalo para una boda, ya han pasado ocho años. Sin embargo, todo cambió cuando decidió abrir una cuenta en Instagram. La gente ve mi trabajo, le gusta, y recibo los pedidos directamente por mail”, nos cuenta.

Porque cada plato es único, pintado a mano y sin plantillas, la reconocerás sobre todo por sus dibujos botánicos y tropicales: “están llenos de color y nunca hay dos iguales, es lo bonito”. Por eso le gusta combinar un plato hondo con dibujo con uno llano solo con el ribete. ¿Y el de postre? Un guiño al dibujo principal – en una colección que puede ampliar con soperas, fuentes y juegos de té y café.

 

Platos que pintan muy bien y que cuentan con lista de espera entre dos y cuatro meses. Cada dibujo me puede llevar entre media hora y dos horas –añade Andrea–, pero lo que más tarda es el horneado, que tiene un proceso de 14 horas”. Ahora tiene entre manos un mural de azulejos de 5 por 3 metros, pero también una vajilla de 1.000 piezas para un restaurante en Portugal.

¿Entre proyectos? Le gusta sentarse a dibujar, mirar sus libros de botánica y descubrir nuevas figuras con las que aumentar el muestrario que tiene en el comedor de su casa. Eso sí, todas las mañanas la podrás encontrar en la escuela de cerámica aprendiendo a moldear sus propios platos –y aunque está trabajando en una colección prêt-à-porter con cuatro diseños disponibles en tienda–, ¡quizá nos sorprenda con una edición limitada 100% artesanal!

Modificado por última vez en Miércoles, 04 Octubre 2017 09:21

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