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El poder de la intención

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"Entre el estímulo y la respuesta

hay un espacio.

En ese espacio está nuestro poder

de elegir la respuesta.

En nuestra respuesta yace nuestro crecimiento y nuestra libertad".

Viktor Frankl

Muchos de nosotros pasamos nuestros días despiertos, pero siguiendo patrones habituales que hemos desarrollado a lo largo de los años. Nos movemos de tarea en tarea, haciendo las tareas en casa, en el ordenador, en el móvil, en el trabajo en piloto automático.

Nada que ver con lo que significa construir una Vida Intencional, con Propósito, con una razón de Ser en la que todo se hace con conciencia, cumpliendo con los valores fundamentales personales (compasión, por ejemplo). Una vida en la que todo se hace con una intención consciente.

Lo cierto es que muchas de las cosas que hacemos tienen algún tipo de intención sumergida: si hago la cama es porque quiero tener el cuarto ordenado, si lavo los platos es porque no quiero una cocina sucia o bichos en mi cocina, si cojo el bus en vez del coche es porque quiero contribuir para mejorar el medio ambiente y si camino todos los días media hora es porque quiero mantener a mi cuerpo activo a medida que va envejeciendo. Pero después de repetir estas acciones todos los días, el tipo de intención se desvanece en el fondo de modo que apenas somos conscientes de ellas. Establecimos la intención hace tiempo, y no volvemos a pensar en ella más.

Pero…, ¿qué pasa si la intención cambió? ¿Qué pasaría si fuésemos muy conscientes de la intención de nuestras acciones? ¿Cómo transformaría esto nuestras acciones y nuestra vida? ¿Qué pasaría si lavases los platos, con la motivación de que lo estas haciendo como un servicio a tu familia, para hacerlos felices, y como una forma de meditación para ti, para practicar la atención plena de manera informal? Fregar los platos de repente tomaría mucho más relevancia, e incluso puede que dejase de ser aburrido.

 

La única diferencia es la intención

Las intenciones son pensamientos o impulsos que nos llevan a un comportamiento. Como bien dice Sharon Salzberg: “Cada decisión que tomamos, cada acción que realizamos, nace de una intención”. Y ésta puede ser consciente o inconsciente. El problema de ésta última es que si todas las intenciones son producto de la inconsciencia, acabaríamos “pasando” por la vida en vez de “vivir” la vida. La intención determina el “por qué” hacemos algo. La intención le da significado a nuestras acciones y marca una dirección en la manera en la que pensamos, sentimos y actuamos en el mundo. 

Y, ¿por qué elegiríamos hacer algo a menos que realce el significado de nuestra vida? La intención en nuestros actos es como una fuerza invisible que precede al comportamiento. Inconscientemente en muchos casos, es un pensamiento, decisión o impulso el que nos pone en movimiento en una dirección u otra. Cuando nos detenemos para entender cual es la intención detrás, somos capaces de detener resultado de un comportamiento quizá no deseado.

Por ejemplo, ponte que estás frente al ordenador en la oficina intentando sacar un complejo informe adelante que además te han endosado de otro departamento por falta de recursos. Estás furiosa porque no has sabido parar el gol a tiempo, son las nueve de la noche, tu marido no deja de enviarte Whats Apps para saber cuando vas a llegar y además la noche anterior no has dormido bien. Y de repente te encuentras caminando en modo zombie hacia la nevera de la oficina e hincándole el diente al trozo de tarta que quedaba de la celebración de cumpleaños de tu compañera. Aún no siendo consciente de lo enervada que estás por el marrón que te ha caído encima, puedes ser capaz de notar, incluso de elegir cual va a ser tu intención antes de abrir la nevera. ¿Quizá coger algo que te de energía para proseguir hasta que llegues a casa? ¿Quizá comer un trocito de tarta que te ayude a endulzar un poco el momento tan amargo que estás pasando? o ¿quizá mandar todo a paseo para sumergirte en los placeres de la boca para luego sentirte peor y acabar recriminadote la “falta de voluntad” y lo desastre que eres?

En los tres casos la acción puede ser la misma, comer un trozo de tarta, pero la intención cambia completamente el cómo puedes vivir el resultado.

Cada vez que retrasamos o ponemos freno a las reacciones inconscientes e impulsos que surgen frente al desasosiego, aumentamos nuestra capacidad para estar presentes en lo desagradable y fortalecemos el músculo de la contención y la fuerza interior. Esto incrementa la posibilidad de elegir. Y esta es la verdadera definición de libertad.

 

Sin conciencia no hay elección, solo reacciones habituales

Algunas veces es muy difícil contemplar la posibilidad de elegir, pues la fuerza del hábito puede ser tan grande que hace sombra a la conciencia. En estos casos, la autocompasión es el mejor antídoto para poder remontar y seguir camino sin cargas adicionales e innecesarias. Por todo esto, es muy importante comenzar a desarrollar el músculo de la intención preguntándonos con frecuencia, refrescando, ¿cuál es la intención con esta comida?, ¿cuál es mi intención al pasar este domingo con mis suegros?, ¿cuál es mi intención al apuntarme al gimnasio esta temporada? Porque si la intención es parecernos a Elsa Pataky este verano, estamos añadiendo muchas cargas invisibles a las mancuernas. Si la intención es cuidar de nuestro cuerpo, incrementar nuestro bienestar, podremos permitirnos ir con la frecuencia que nos propongamos pero quizá, permitirnos también el día que estamos agotadas simplemente hacer unos largos en la piscina o tomar una clase de yoga.

Cuando hablamos de la intención no estamos hablando de fuerza de voluntad o de las típicas resoluciones que hacemos en la víspera de Año Nuevo con dudosa esperanza en nuestros corazones las acometan. El poder de la intención tiene que ver con lo que proyectamos en nuestro día a día, lo que anhelamos, lo que creemos que somos capaces de conseguir. Si queremos conocer el espíritu de nuestras actividades, el tono emocional de nuestros esfuerzos, tenemos que mirar nuestras intenciones.

Debemos honrar la intención, ese espacio en el corazón que guía todo lo que emprendemos. Y desde ahí, si caemos, no necesitamos auto-recriminación ni culpa ni enojo; necesitamos volver a despertar a nuestra intención y a la voluntad de reforzar nuestro compromiso. Cada caída hace más fuerte nuestro compromiso.

Modificado por última vez en Miércoles, 07 Junio 2017 12:44

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