Formentera, como en los años 70

Formentera, como en los años 70

Como cuando aún estaba por descubrir, cuando el paraíso (si cabe) era aún más paraíso. Este año Formentera vuelve a rescatar sus orígenes y, si puedes, será la escapada que no podrá faltar en tus vacaciones.

Tres días (o quizá cuatro). Será todo lo que necesites para desconectar y poner el pie en una de las islas de Baleares con más encanto. Hablamos de Formentera. Y si bien este año las vacaciones van marcadas por el cartel de «raro, raro, raro», será el mejor momento para volver a disfrutar de Formentera como si fueran los años 70. Eso sí, siempre con reserva.

Es Migjorn

Arena blanca, agua de un azul intenso, cristalinas, y pequeños rincones entre rocas. Así es una de las playas más bonitas de Formentera (y una de nuestras favoritas) por ser una de las más tranquilas – y más naturistas. En un entorno prácticamente salvaje, solo encontrarás algunos bungalows alrededor y si quieres disfrutar de un buen arroz, seguido de una siesta en la orilla junto a la brisa del mar, Vogamari es uno de sus imprescindibles. ¡Siempre, con reserva!

De faro en faro

Porque hay tres. Y si vas buscando el que aparece en la película de Lucía y el sexo… Seguramente te ocurra como a otros muchos y aparezcas en el la Mola. Pensando, ¿así no es, no? Efectivamente, pero también tiene su encanto. Porque es en el otro extremo donde encontrarás el Cap de Barbària. Eso sí, prepárate para andar. Porque es paraje natural y desde el punto más próximo donde puedes dejar coche (o moto) tienes que andar 1,7 km de ida y otros 1,7 km de vuelta. ¡Merece la pena! Por lo bonita que es la foto y por lo espectacular del atardecer.

Cala Saona

Porque si hablamos de puesta de sol, una de las más increíbles la encontrarás en esta pequeña cala donde a parte del hotel de lujo Spa Saona parece no haber mucho más. Por no haber, ¡no tendrás ni cobertura! Será un lugar perfecto en el que desconectar, más aún al caer el sol. ¿Nuestra recomendación? Huye de su pequeño kiosco (popular por las vistas) y sube al parking que encontrarás en el otro lado de la cala. Si podéis llevar vuestras cervezas –pipas, que no falten–, es uno de los puntos más tranquilos e instagrameables.

Piratabus

Uno de los clásicos. Porque cuando ves que la fiesta no está en el «chiringuito» sino alrededor… Es que algo pasa. Y en Piratabus no podría ser menos. Quizá sea la magia de la gente y del entorno, quizá sus mojitos a granel o simplemente ese momento en el que parece detenerse el mundo y al son de Por ti volare de Andrea Bocelli, ver cómo se oculta el sol y, sin más, se hace de noche. Espectacular.

Ses Illetes

No podrás irte de Formentera sin haber visitado Ses Illetes, sacarte una foto en el banco de Beso (porque reservar mesa a parte de complicado, es prohibitivo), disfrutar en Tiburón y pasar a tomar algo en El Pirata. Pero a su opción de ocio –que nos encanta–, se suma una de las playas más paradisiacas que puedas imaginar, más aún cuando se estrecha y se aproxima a su fin. Porque si bien el camino es largo, más aún sombrilla en mano y neverita cargada de refrescos, el destino bañado por dos playas, una a cada lado, que desaparecen al subir la marea es, simplemente, único.

Can Carlos

Para una cena especial. Sea romántica o con amigos, su jardín es un flechazo a primera vista. Y su carta, se cuela directo en nuestro top diez de alta cocina italiana –nos cautivó por su tartar de calabacín y el risotto Don Carlos–. Lo encontrarás a las afueras de Sant Francecs, un pueblecito en el que querrás perderte entre sus tiendas artesanales llenas de vestidos vaporosos, sandalias, pulseras, fulares y un bikinis. Por supuesto, todo a precios «populares», pero en los que bien merece darse un capricho o, al menos, perderse una tarde entre sus propuestas.

 

Caló des Mort

Y lo de muerte no es en sentido figurativo… Solo apto para los más valientes, el llegar a sus rincones más secretos incluye descender rocas, buscar el camino y atreverse a bañarse entre piedras, aguas cristalinas y atención, ¡erizos de mar! Pero su belleza es, simplemente, increíble. Sobre todo si te contamos que muy cerquita (para reponer fuerzas) podrás disfrutar del Chiringuito Bartolo. Con su árbol lleno de conchas y mensajes de amor, pero también con una carta desenfadada a la que se suma unos de los mejores mojitos de la isla.

 

Blue Bar

Es uno de los míticos y, por si nosotros fuera, uno de los imprescindibles en el que disfrutar de la noche de Formentera a diario. Podrás cenar (siempre previa reserva, importante) o ir directamente a tomar copas. A pie de playa, el ambiente está amenizado por música de DJ y su decoración en tonos azulones hace honor a su nombre. Como curiosidad…, si vais al baño (al fondo, saliendo del bar a la izquierda) quizá os encontréis con Christian, un gato que ya se ha bautizado como la mascota del establecimiento.



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