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Zagreb, la pequeña Viena

En invierno, Zabreg está de moda. Su café, su propuesta culinaria, su Museo de las Relaciones Rotas o su pasión por la Navidad, te conquistarán desde el minuto uno.

Cuando eres de los que sabes qué significa GoT (Game of Trones) es imposible pensar en Croacia sin pensar en Dubrovnik o, mejor dicho, sin pensar en tierra Lanister, pero cuando lo que deseas es un destino como Invernarlia, Croacia tiene mucho más de lo que imaginas.

Por eso, nos encanta Zagreb. Porque, aunque la gente exagere diciendo que es como “La Pequeña Viena”, tiene mucho encanto. Es la capital de Croacia, tiene un Museo de las Relaciones Rotas, y el Mercadillo Navideño más mágico del planeta. ¿Y a quién no le gusta la magia en Navidad?

Así que, pasamos unos días en la ciudad del café y del vino caliente; y cuando por fin tocamos tierra firme, no puedo evitar sentirme como en casa. Zagreb tiene ese no sé qué que tienen todas las capitales de Europa.

Claro, que son las muchas opciones hoteleras, pero cuando se busca algo especial, el Hotel Esplanade Zagreb es acierto seguro. Se inauguró en 1924 y que estaba considerado como uno de los edificios más emblemáticos. Se remonta a los tiempos del Orient Express, cuando los grandes viajeros pasaban por Zagreb camino de Estambul. El hotel se construyó junto a la estación para recibir a los pasajeros del lujoso tren, y desde entonces ha hospedado a reyes, artistas, políticos, y a periodistas (como yo misma).

Como diría cualquier viajero: “hay que comenzar por donde empieza todo el mundo”

Esbozar un itinerario es algo casi obligatorio en este viaje. Porque hay mucho que visitar y el tiempo, casi siempre, es limitado. Además, unas de las cosas que más emociona, es que, como estamos en diciembre y las bajas temperaturas se materializan en mangas superpuestas, Advent in Zabreg se convierte en la principal atracción turística. Es un paseo para recordar. Todo ello teñido del sonido de los cascabeles, el olor a pan de jengibre, y manjares diferentes como el vino caliente.

Pero como diría cualquier viajero: “hay que comenzar por donde empieza todo el mundo”. Por lo que la primera parada es Jelacic Square (Trg Bana Josipa Jelacica), una plaza situada en la zona más antigua. Es sorprendente lo fácil que es llegar, y más conocer su historia: el nombre se debe a un virrey del siglo XIX que llevó a las tropas croatas a una desastrosa batalla contra el ejército húngaro y tienen una estatua para recordarlo. A pesar de eso, es el punto de encuentro de todo el mundo y la localización idónea para sentarse a disfrutar del espectáculo: el trajín de los tranvías, la gente saludándose o la vitalidad de los vendedores de periódicos y flores a pesar de las bajas temperaturas. Es como la Puerta del Sol en Madrid o Las Ramblas en Barcelona. Y ahora está precioso, porque la verdadera magia del invierno ha llegado en forma de una gran corona de Adviento que rodea la Fuente Manduševac con un pequeño ‘bosque’ cubierto de nieve.

Academia croata de las ciencias y las artes.

Bajando la calle, el clima cambia y para bien, porque los croatas se parecen mucho a los españoles: son amantes del café, las terrazas y la tertulia. Para ellos, el café es mucho más que simple cafeína. Lo toman a cualquier hora del día, sin prisa y siempre al aire libre. En la calle Tkalciceva se alinean las terrazas caldeadas. Aunque, si todas las mesas están ocupadas, siempre puedes ir hasta el centro del centro, entre Trg Petra Preradovica y Bogoviceva. Pero lo que no puedes perderte es el rito de los cafeteros, la “spica” de la mañana del sábado (de 11 a 14 h), antes o después de ir al mercado de Dolac. Es como el aperitivo de los domingos. Y sin duda, lo más recomendado es el Palainovska, el café más antiguo al viejo estilo vienés. Es una maravilla de lugar. Aunque eso no es todo, porque si eres de esperarte a ver la peli, tienes que ir al Kino Europa, un café acristalado que ahora sustituye al primer cine de Zagreb. Allí, se proyectan películas cada día y de vez en cuando se organizan bailes.

En Zagreb hay hueco para todos los paladares, porque aquí todo va de la “haute cusine” hasta el “Street food”

Un recorrido en el que no puede faltar El Museo del Desamor: “parada obligatoria”, dicen. La exposición es de lo más interesante, porque va desde una lata de incienso de amor de Indiana que no funciona, hasta una plancha noruega utilizada sobre un vestido de boda. Un lugar mágico, porque reciben colaboraciones de todo el mundo y por eso se exponen en una sucesión continua con historias en muchos idiomas – pero ojo y advertencia, te harás plurilingüe, porque al final, acaba enganchando. Sin duda, es una experiencia diferente, un lugar en el que recogerte cuando los cosas no van bien. Porque, además, después de comprobar la de historias que no funcionan, la calidez del café a pie de calle nada más salir te devolverá la esperanza.

Pero Zagreb puede ofrecerte mucho más si lo que te gusta es el arte. La Academia Croata de Ciencias y Artes (Trg Nikole Šubića Zrinskog, 11) o la Glipoteca Hazug (Medvedgradska ul., 2) son perfectas para aquellos que disfrutan de largos paseos por las galerías. No obstante, hay una cosa que debéis saber, y es que esta ciudad es un homenaje al arte más imperialista. Las fachadas de los edificios, como la del edificio Estatal de Archivos Croatas; las plazas, como la Plaza Nikola Šubić Zrinski; o simplemente los parques como el Parque Zrinjevac, ya son de por sí, artísticas.

Paseo de la Fábrica del Tiempo.

Y por si eso se te queda corto y quieres más, King Tomislav Square es tu próxima parada. Es el lugar idóneo para descansar, disfrutar de las flores, o de un paseo de la Fábrica del Tiempo. También puedes entrar al Pabellón del Arte, es muy famoso entre los zagrebenses.

Sin embargo, hay otro monumento que no puedes perder: la Iglesia de San Marcos, porque si tienes suerte y nieva, casi parece que se oculta en el ambiente. Y si eres de los tradicionales, déjate caer por la noche y podrás disfrutar del Belén en vivo que a todo el mundo tiene obnubilado. Justo después, la mejor opción siempre es ir a una feria navideña (son como las de las películas). La de la calle Bogovićeva es ideal para comprarle un regalo a tu madre, hermana o para hacerte con un recuerdo artesanal en el que poder enfundar tus manos.

Advent in Zabreg es un paseo teñido del sonido de los cascabeles, el olor a pan de jengibre, y manjares diferentes como el vino caliente

Y si las tripas rujen, o es hora de comer (o de cenar), otra de las cosas que debéis saber sobre Zagreb es que hay hueco para todos los paladares, porque aquí todo va de la “haute cusine” hasta el “Street food”. Las calles principales del centro (Ilica, Teslina, Gajeva y Preradovíceva) están llenas de locales de comida rápida y bares baratos, pero también hay muy buenos restaurantes por toda la ciudad. ¿Un lugar de moda? Lari&Penalti, aunque el patio interior de Vinodol o la modernidad de Mano compiten en seguidores. Ah, y para los amantes de la cerveza, un clásico es Stari Fijaker 900, donde la sirven con un plato típico croata: los strukli, son buñuelos caseros de queso fresco. Asimismo, ya que hablamos de comida, los zagrebinos son los herederos del dulce de tradición centroerupoea, lo que quiere decir que sí o sí tienes que probar sus delicias horneadas, en concreto el bucnica (pastel de hojaldre relleno de calabaza), y en Vincek, la pastelería más clásica de la ciudad.

No obstante, si decides venir en invierno, hay algo que no puedes dejar de hacer, y es pasear por las calles de Zagreb por la noche. Te encontrarás muchas actuaciones callejeras, como el ballet de La Noche Blanca. Este año, la ciudad volverá a intentar defender su título de el Mejor Mercadillo de Navidad Europeo. La atmósfera se tiñe de luces LED y las parejas con sus manos entrelazadas son muy fáciles de ver si te dejas caer en la simplicidad de las ramas blancas de Marić Passage, que te conducirán hasta un gran número de atracciones navideñas, o en Ice Park, aunque este último es para todas las generaciones.

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