Eternidad: Hepburn y Givenchy

Todo diseñador ha tenido siempre una musa. Su gran inspiración y la fuente de todo quebradero de cabeza. La historia de Hubert Givenchy y Audrey Hepburn es una historia de amor, donde el capricho, la moda y las llamadas a las tres de la mañana son los verdaderos protagonistas.

La relación entre el modisto y la actriz ha sido una de esas que ha calado en la humanidad. Todo comenzó en 1953, cuando Audrey, a sus 24 años, debutaba en el mundo del cine gracias a Vacaciones en Roma. Se había metido a Hollywood en el bolsillo. Había conseguido el galardón a Mejor Actriz en los Oscars, los BAFTA y los Globos de Oro. Era la hora de su próximo filme, y enviada por la directora de vestuario, Edith Head, Hepburn se presentó en el estudio de Givenchy, en el número 8 de la Rue Alfred de Vigny. Querían a un diseñador que conociera bien los aires del París más chic. Pero a pesar de ser una de las grandes actrices del momento, su nombre no era familiar para el modisto.

Audrey Hepburn y Hubert Givenchy.

La visita de Audrey al estudio acabó en una cena, pero la respuesta del diseñador fue un ‘no a medias’. La próxima colección estaba a punto de ver la luz y no quería que nada lo despistara, ni siquiera la Srta. Hepburn o una película que apuntaba maneras. Audrey insistió- ¿no dicen que quien la sigue la consigue?-, y llegaron a una especie de acuerdo. La actriz luciría en la película (Sabrina) alguno de los diseños de la nueva colección. El resultado fue el premio a Mejor Vestuario para Edith Head. El problema fue que la galardonada lo omitió en su discurso y Hepburn, quien ya había forjado una amistad de idilio con el diseñador, se enfadó y exigió que fuera él el único que la vistiera en sus próximas cintas.

“Solo en sus prendas me siento yo misma. Es mucho más que un coutourier, es un creador de personalidad”

Desde entonces, los éxitos estilísticos de su trayectoria como actriz los ha celebrado junto a él. El más famoso, mediatizado y atemporal es el vestido negro de Desayuno con Diamantes que todos recordamos. Pero su relación no termina ahí. Audrey ha sido la primera actriz en convertirse en la imagen de una fragancia. Las llamadas a las tantas de la madrugada eran muy comunes entre ellos. Se llamaban para decirse lo mucho que se querían. Compartían mucho más que una bonita amistad. El diseñador nunca dejó de hablar de ella cuando Audrey decidió marcharse. Y hoy recordamos el reencuentro entre ambos, que no ha logrado separar ni la eternidad.

El mundo del cine y de la moda nunca volvieron a ser los mismos. Así que, por Audrey y Hubert… Dos personas destinadas a estar juntas para siempre.

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