Los trucos del nude, cómo ser una experta

Nos gusta maquillarnos (pero no como una puerta). Lo justo, lo necesario; ‘efecto cara lavada’. Nació como una tendencia minimalista, y ahora se ha consolidado como propuesta versátil por su naturalidad resplandeciente. ¿De qué estamos hablando? Del nude, por supuesto.

Parece fácil, pero no. Maquillarse sin que apenas se note es tarea de expertas. La disciplina es casi obligatoria.

Céntrate en la piel

Se comienza por la base. El objetivo es unificar el tono y la textura de la piel. Es importante elegir una base muy parecida a tu tono natural. Se debe aplicar uniformemente con los dedos o con una esponja húmeda, si la base es fluida, para un resultado más natural. Si se trata de maquillaje mineral, con una brocha de buena calidad se conseguirá una cobertura ‘efecto aerógrafo’. Emplear un primer como un paso previo ayudará a evitar brillos, mantener el maquillaje y conseguir una piel mucho más uniform

Ilumina el camino

La clave de una piel resplandeciente es que refleje bien la luz. Para ello, lo mejor es confiar en un buen iluminador, que se difumine en las zonas en las que éste impacte de forma natural: bajo las cejas, en el centro de la frente, sobre las mejillas, en el arco de Cupido, en el tabique nasal… Sellar el maquillaje con polvos minerales aportará un plus de luminosidad y hará que el maquillaje dure más.

Cuidado con las sombras

La máscara y el lápiz de ojos son bienvenidos, pero han de ser sutiles y de trazo suave. En cuanto a las sombras, se debe eliminar de la lista los colores fantasía y optar una paleta más humana: marrones, rosas, ocres… Incluso nacarados. El truco está en aplicarlos con discreción hasta que se fundan en el párpado.

Como una niña

El colorete consigue que el rostro no ofrezca una visión demasiado plana. En el  maquillaje nude, se trata de recrear un tono lo más natural posible. Si la piel es clara, la mejor elección es un tono rosado. Si por el contrario la tez es más morena, el marrón es el mejor aliado.

Brillo a pedir de boca

La opción más clásica es un labial gloss en tono neutro. Otra opción es decantarse por un tono más oscuro que el de la piel para crear contraste y conseguir un look impecable.

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