Elia Barceló. El Color del Silencio

Quizá sea necesario para volver al presente. Quizá esta historia llevaba mucho tiempo enterrada en el fondo del cajón. Pero es ahora es cuando Elia Barceló ha querido mostrarla a un mundo que quiere perderse entre sus páginas para conocer sus secretos. 

Hay partes de nosotros que permanecen ocultas. Que simplemente no queremos ver o, mejor, que vemos y sabemos que están ahí, como una sombra, pero es mejor no enfrentarse a ellas. Así es Helena Guerrero, la protagonista que da vida a El color del silencio, la última novela de Elia Barceló – que ha arrasado con todo tipo de expectativa. Elia, que ya era conocida por sus relatos de ciencia ficción con varios premios a sus espaldas (Ignotus y Edebé) quiso cambiar de género – y ganó. Tanto que ya se posiciona como una de las damas del Thiller, con tintes históricos en su caso, y así se debate entre aquella España que vive entre el comienzo de la Guerra Civil, los años de la post guerra en Marruecos y el mundo actual.

Naciste en Alicante, estudiaste Filología Angogermánica, vives en Innsbruck, Austria, donde has sido profesora… Y ahora El Color del Silencio te ha lanzado a lo más alto, ¿quizá sea un buen momento para volver a España?

Yo siempre he venido mucho a España pero, ahora que estoy más libre al haber dejado la universidad, sí que entra en mis planes venir bastante más y pasar temporadas aquí, pero tampoco voy a dejar Austria, que también es mi país, y es donde viven mis hijos y tengo mi círculo de amigos y mi casa. Mi voluntad europea me lleva a querer viajar y pasar temporadas en distintos lugares porque eso me da muchos impulsos creativos, pero España se va a hacer cada vez más importante en mi vida a partir de ahora.

“Escribo porque me hace feliz, me llena, disfruto enormemente de ello. Me enamoro de una historia y quiero contarla, compartirla”

Todo autor tiene un motor que le mueve a escribir, ¿cuál es el tuyo?

Escribo porque me hace feliz, me llena, disfruto enormemente de ello. Me enamoro de una historia y quiero contarla, compartirla con una lectora o un lector, con alguien que quería leer exactamente esa historia y hasta ese momento no la había encontrado. Es también una manera de verbalizar problemas que me afectan o que me parecen importantes, darles vueltas en la cabeza, exponerlos, sensibilizar a quien lo lee para que también le dedique un espacio de reflexión. 

Llevas toda una vida escribiendo novelas, ensayos, relatos en revistas españolas y extranjeras…, ¿imaginabas el éxito de El color del silencio?

Llevo muchos años escribiendo y publicando tanto en España como en otros países. En Alemania, por ejemplo, mis novelas gustan mucho y viajo con frecuencia a clubs de lectura y a hacer lecturas públicas en librerías y bibliotecas, voy mucho a festivales, congresos, ferias del libro… He ido incluso a lugares insospechados como Krasnojarsk, en mitad de Siberia, o tan lejanos como Australia, pero en España nunca había conseguido una visibilidad tan grande como con El color del silencio. Nunca lo habría creído posible; ya estaba acostumbrada a tener un número modesto de lectores fieles y este éxito de ahora ha sido una maravillosa sorpresa por la que estoy muy agradecida. Tanto a Roca, mi editorial, como a todas y todos los comerciales, libreros, bibliotecarios y por supuesto lectores que me han dado su confianza.

Es una novela de idas y venidas: un pasado que no está cerrado, un presente que aún tiene mucho por descubrir… ¿Por qué elegir Marruecos? ¿Por qué aquella España antes (y durante) la Guerra Civil?

España tiene desde hace mucho una historia común con Marruecos, un país que me fascina y que creo que merece un tratamiento mejor que el que suele dársele. La historia que yo quería tratar estaba enraizada en esa tierra. Uno de mis protagonistas, Gregorio Guerrero, era militar a las órdenes de Franco y, por tanto, tenía que haber estado destinado en Marruecos y haberse enamorado del país. Yo he ido muchas veces, sobre todo a Rabat, y conozco la ciudad, su maravillosa luz atlántica, sus colores, la amabilidad de sus habitantes, su estupenda comida, sus palmeras, su historia que, desde los romanos, está unida a la nuestra. Fue muy natural hablar de Marruecos y de ciertos momentos cruciales.

En cuanto al otro tema, el temporal, elegí varios momentos de nuestra historia reciente porque llevamos mucho tiempo tratando de olvidar toda esa época, de reprimir los recuerdos porque nos incomodan y nos hacen sentirnos culpables y avergonzados como país. Llevamos mucho tiempo empujando la porquería debajo de la alfombra, tratando de convencernos de que todo aquello de la guerra y la posguerra ya pasó y hay que mirar hacia delante. Pero hacemos mal. Las heridas no se pueden olvidar, hacer como que nunca existieron cuando jamás nos preocupamos de limpiarlas y curarlas. Me parece importante hablar de ciertos temas que han sido rechazados sistemáticamente pero mi forma particular es hacerlo de un modo poco agresivo. Todo esto aparece como fondo de una historia de familia pero no me recreo en lo desagradable o en lo terrible: lo muestro al hilo de mis personajes y sus problemas y dejo que sea el lector o la lectora quien reflexione sobre ello. 

“Llevamos mucho tiempo tratando de olvidar toda esa época, de reprimir los recuerdos porque nos incomodan y nos hacen sentirnos culpables y avergonzados”

En su proceso cretivo, ¿hasta qué punto documentación y ficción se dan la mano?

Una novela situada en otra época histórica lleva mucho trabajo de documentación y mucho trabajo de poda – aunque en mi caso la poda suele suceder en la cabeza más que en el papel. Cuando una quiere recrear un momento del pasado es necesario que la persona que lee pueda creérselo y para eso es fundamental que el autor o autora se haya documentado convenientemente para no cometer errores ni decir tonterías. Esa documentación no sólo se refiere a los grandes hechos históricos, sino que es básico que los personajes vayan vestidos a la moda de esa época, que hablen como se hablaba entonces, que escuchen las canciones de éxito de ese año y cosas similares. Eso crea una sólida base de realidad sobre la que extender la ficción. Y, por supuesto, no se trata de poner todo lo que una ha aprendido durante el proceso de documentación. Sería aburridísimo para los lectores y nada relevante para lo que sucede en la novela. Ahí es donde entran las tijeras de podar. Hay que saber distinguir qué detalles son importantes y qué cosas se pueden quitar para aligerar el conjunto.

Helena Guerrero, su protagonista, es una mujer poco convencional: tiene 68 años, es independiente, bohemia, artista, liberal… ¿Qué hay de ella de en ti?

Helena es una persona estupenda que, a pesar de las heridas que aún tiene en su interior y aún le duelen, ha conseguido desarrollarse y convertirse en una mujer independiente, asertiva, un poco arisca en ocasiones, que sabe qué quiere y adónde va, y con frecuencia se comporta con un egoísmo que a veces nos sorprende en un personaje femenino. Hay algún toque mío en Helena, como en todos mis personajes, pero yo no soy ella. A veces creo que algunos de sus rasgos son los que a mí me gustaría tener –y a muchas lectoras, por lo que me dicen cuando hablo con ellas–, y me encanta dejarla hablar y ver lo que tiene que decir, pero no nos parecemos nada.

La novela arranca con una “constelación” y la postura escéptica de su protagonista… ¿Qué te llevó a comenzar así?

Varias personas de mi entorno trabajan profesionalmente con este tipo de métodos con muy buenos resultados. Yo he tenido también experiencias propias y he participado y, desde que fui por primera vez, supe que era la mejor manera de comenzar para mostrar lo que Helena lleva dentro, más de cuarenta años guardado en su interior, y dar un impulso para que se ponga en marcha el proceso de investigación del pasado, de comprensión de lo que sucedió y de limpieza de aquellas viejas heridas.

Además cuentas con la colaboración de Lita Cabellut para realizar la cubierta, ¿coincidencia?

He tenido la suerte de que la cubierta sea obra de una gran artista española que vive en Holanda (también en el extranjero, como yo, que vivo en Austria) cuyo trabajo también ha sido hasta ahora más reconocido fuera que dentro de España. Nos pareció muy bonito unir las dos manifestaciones artísticas –la pintura y la literatura–, y dejar que yo pusiera “palabras a sus imágenes”. 

“Hay algún toque mío en Helena, como en todos mis personajes, pero yo no soy ella. A veces creo que algunos de sus rasgos son los que a mí me gustaría tener”

El Color del Silencio es una novela trepidante, que te absorbe en sus páginas, ¿pero por qué escribir un híbrido de novela negra, histórica y thriller, cuando siempre has apostado por la ficción?

Cuando me planteo escribir una novela, nunca pienso de qué género va a ser. Mis historias son como la vida, que tampoco tiene un género definido: a ratos son comedia, otras veces drama, hay pinceladas de humor, de miedo, de misterio… Mis novelas también se aprovechan de todo lo que me sirva para contar de modo convincente, atractivo, para llevar al lector o lectora a seguir pasando páginas y querer saber cómo fue realmente. Quiero ofrecer una lectura interesante, misteriosa, que lo saque de su vida cotidiana y lo lleve a otros lugares, a otras vidas, a reflexionar sobre ciertas decisiones importantes que se le podrían plantear en su existencia real.

Porque ahora…, ¿qué está por venir? 

Yo siempre tengo muchas cosas en marcha y muchas en la cabeza. Ahora estoy trabajando en una novela del mismo corte que El color del silencio, digamos, y a la vez estoy pensando en una fantástica y tengo empezada una para lectores jóvenes. En mayo se reeditará una novela realista con un misterio en su centro (Las largas sombras) y llevada por siete personajes femeninos y, si todo va bien, el año que viene habré terminado la que ahora está en proceso y podré ofrecerla a los lectores y lectoras.

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